En el interior profundo de la región de Dalmacia se encuentra la ciudad de Imotski, en lo alto de la colina Podi, a 440 metros sobre el nivel del mar. Aunque está a unos 50 kilómetros de la orilla del mar adriático, tiene las características de las ciudades costeras, clima típico y arquitectura de piedra de claro corte medieval. Los historiadores han descubierto que Imotski existía en los tiempos de lirios y romanos, fue mencionada por primera vez por el emperador bizantino Constantino, en el siglo 10.
Las dos principales atracciones son el Lago azul y el Lago rojo, de origen kárstico (resultado de un proceso de disolución en rocas solubles). El azul está cerca de la ciudad y es apto para las caminatas en los meses de verano. El rojo es el más profundo de Europa, oscila entre los 396 y 485 metros.
Ambos arrastran milenarias leyendas. En el rojo se celebra un poema tradicional, de autor desconocido, que narra la crueldad de Gavan y su magnífico palacio, cuyo colapso generó las aguas del lago. El azul es protagonista de una canción popular sobre Hasanaginica. El mismísimo Goethe, máximo poeta en la historia de Alemania, tradujo a su idioma la balada y distribuyó a todo el continente el misterio de la tumba del personaje y la zona, llamada Gaj.
Por encima de la ciudad, al borde de las rocas del Lago azul, se alza la Torre Topana, mencionada por primera vez en el IX, en la época de los soberanos de Croacia. Bajo sus alas, hay una pequeña iglesia dedicada a la Virgen de los Ángeles, construida como agradecimiento por ayudar a la gente de la zona en batalla -y victoria- contra los conquistadores otomanos en abril de 1717. La Dama de los Ángulos ha sido honrada como patrona de Imotski.
Otro punto tradicional es el Museo del Monasterio Franciscano (s. XVII), situado en el centro de la ciudad, en la iglesia de San Frane. Este espacio religioso y cultural posee una colección arqueológica de Imotski y su alrededores, además de un valioso altar de la basílica paleocristiana Zmijavaca (s. V) y cintas con motivos eucarísticos del siglo XVIII. Los franciscanos tienen una larga tradición en esta región.
Debido a la gran diferencia de posiciones de las zonas rurales, Imotski ofrece un amplio recorrido gastronómico. Por ejemplo, una de las especialidades es el pan casero cocinado bajo la tapa del horno de hierro; se acompaña con todo tipo de vegetales cultivados sin fertilizantes: papas, zanahorias y frijoles, etc. Otra delicia es la ternera y el cordero al horno, trucha del río Vrlika, carpas de agua y los clásicos ñoquis a la Imotski.
Foto Vía: ProudCroat
Yo conozco ahi, es demasiado hermoso!!!
Comentario por Costa Rica Tours12-08-2010 @ 01:19