
Separada de la Isla de Cres por el pequeño Estrecho de Osor, Lošinj es una de las islas de Croacia más visitadas sobre el Adriático, aunque a través de la historia, ha sido Cres la de mayor importancia en el golfo de Kvarner.
En la antigüedad, ambas islas formaban un solo territorio, pero en la época del Imperio Romano, se realizaron diferentes obras de ingeniería para permitir el paso de pequeñas embarcaciones a través de la Isla, y con el paso de los años el canal se hizo más grande, lo que finalmente derivó en la conformación de dos islas, unidas en la actualidad por el puente de Osor.
La Isla de Lošinj posee 33 kilómetros de largo, y un ancho que varía desde los 4,75 kilómetros en el norte y el centro de la isla, a cerca de 0,25 kilómetros cerca a la ciudad de Mali Lošinj.
Posee un litoral de 112,7 kilómetros sobre los que abundan espectaculares playas y escenarios ideales para la práctica de diversos deportes acuáticos, o simplemente disfrutar del sol y contemplar maravillosos paisajes. La colina más alta de la isla es la boscosa Osorscica, con casi 600 metros de altura, y la cual se extiende a lo largo de la parte norte de la isla.
Existen diversas posibilidades de llegar a la isla, como las conexiones por ferry incluyen do Brestova – Porozina, Merag – Valbiska, Mali Lošinj – Zadar, Mali Lošinj – Pula. También hay un aeropuerto en la isla, o simplemente por carretera desde la Isla de Cres atravesando el puente de Osor.
Los principales asentamientos de este pequeño territorio son Nerezine, Jakov Sveti, Ćunski, Artaturi, Veli Lošinj, y Mali Lošinj, el principal centro poblado de la isla. Es posible visitar cada uno de estos lugares gracias a una carretera regional que cruza la isla de norte a sur sobre la costa este.
La ciudad de Mali Lošinj se destaca por su puerto, además por albergar magníficos arquitectónicos como la Iglesia de San Martín (Sveti Martin), del siglo XV o el Santuario de la Natividad de la Virgen (Rođenje Marijino), de estilo barroco.
Entre tanto, Veli Lošinj es una mágica población de maravillosos edificios neoclásicos. Entre ellos destaca la Seewarte, residencia construida por el Archiduque Carlos de Habsburgo y que cuenta con un jardín con 200 especies de árboles de todas partes del mundo.
Foto Vía Brook and Bria